Bienvenido al blog de “pequeños dibujos animados.”
Imagino que ahora os estaréis preguntando si este será un blog que habla de dibujos animados. Hasta cierto punto se habla de dibujos, pero, ojo, se habla de unos dibujos animados muy particulares…
¡DIBUJOS ANIMADOS HECHOS POR NIÑOS!
Es decir, se habla de una mamá ratón, de un niño que le huelen los pies, de zombis, de niños imperfectos, y hasta de un niño perfecto que se convierte en niño rana.
Se habla de dibujos animados guiados por técnicos profesionales que tienen como dogma dar rienda a la imaginación de los diminutos artistas.
Pero eso no es algo de ahora. Qué va. Desde hace tiempo nos rondaba la idea de realizar un taller donde los niños fueran los que crearan las historias y las dibujaran, descubrieran el mundo de la animación y pudieran doblar a sus propios personajes.
Casi nada, ¿eh?
Esa idea descabellada y quimérica se la propusimos al departament multimedia del “Consorci de Biblioteques de Barcelona” para hacerla en distintas bibliotecas de la ciudad durante dos días (y dos horas) que duraría el taller. Sinceramente, pensé que nos mandarían al manicomio, pero resultó que la idea fue apoyada ampliamente por la pizpireta Noemí García y el entusiasta Juanjo Arranz.
Confieso que me llevé un grata sorpresa porque yo tenía una imagen preconcebida de las bibliotecas con la típica señora agriada con el moño a lo Rottenmeyer. Resultó que estaba equivocado y que ahora los bibliotecarios conocen a Tim Burton, y que son expertos comiqueros con gran conocimiento de los autores más recónditos. Ese puntito nos valió para que nos entendiéramos enseguida y nos pusiéramos en marcha.
El primer taller que realizamos fue en la bonita biblioteca Francesca Bonnemaison que está por
Recuerdo que ese día hacía mucho frío y mientras subíamos a la biblioteca a nuestro animador le entró un ataque de pánico y me dijo que se quería marchar.
¿Y sí los niños nos pegan?-dijo, asustado.
Entonces descubrí que hay adultos que viven al margen de los niños y que cuando esos dos mundos se tocan puede aparecer un ataque pánico bastante natural y descontrolado. Pero, eso fue una anécdota tonta porque cuando subimos a la sala los niños esperaban la actividad con muchas ganas.
Entonces descubrí en sus caras que eso de hacer dibujos animados no era una cosa común que hacían en el colegio, ni en su día a día porque no paraban de decir: “A ver. ¿Cómo rayos haremos dibujos animados?
Y lo hicieron. Los doce niños que acudieron se lo pasaron bomba y el resultado narrativo del corto no pudo ser mejor: “Un niño huérfano se dirige a una fábrica donde hay una pasarela en la que aparecen una multitud de madres. Al final el niño tendrá que elegir al padre y la madre para irse a vivir con ellos.” O sea, el mundo al revés.
Luego vinieron los demás talleres hasta que llegamos al cenit con el de la biblioteca Bon Pastor donde acudieron 34 niños y niñas de entre 7 y 12 años. ¡Se dice pronto y rápido!
Desde entonces nuestra intención siempre ha sido ir un paso más allá del tradicional taller de creación colectiva que, a mi modo de entender, se ha quedado un poco obsoleto porque ignora la parte tecnológica.
Sin embargo, en el taller no descartamos elementos esenciales de la educación como son el trabajo colectivo y la capacidad de comunicar. Además, a través de los argumentos que surgen tratamos de ayudar a reforzar el conocimiento de determinados valores como la tolerancia (10, el niño perfecto), la amistad (Mi amigo), o saber reponerse a las circunstancias, (
En los dos días de taller intentamos que los niños conozcan como se maneja un programa de animación.
En Pequeños Dibujos Animados, sin embargo, creemos que un mundo sin artesanía manual y sin delfines es mucho menos emocionante. Por esa razón en los talleres tratamos que el niño no dibuje sobre ordenador. Sino que sea el trazo manual de su dibujo el que se imponga sobre el papel y luego sea el ordenador el que hable. En ese sentido pensamos que la herramienta informática no debe ir por delante de la creación pura del niño, y que ésta no debe ser un fin, sino un medio para dar salida a su historia.…
Y hablando de las historias…
Generalmente partimos de un sueño que han tenido. De una motivación. O de una anécdota que surge al azar. Aunque en el caso del corto “El supermercadocirco”, la historia nos llegó de dos niñas de Argentina de
Luego este cuento lo desarrollaron 27 niños y niñas de España en el taller que hicimos dentro del Festival Internacional “Cinema Jove de Valencia.”
Otras veces somos nosotros quienes lanzamos una idea muy simple y los niños la construyen formando un acalorado debate donde los renacuajos se convierten en bulliciosas palomitas y las sillas parecen sartenes de aceite ardiendo.
Ese fue el caso del corto “Mi amigo” que hicimos en la biblioteca, El carmel-Juan Marsé. La historia del corto giraba entorno a la relación de dos amiguitos que tienen un problemilla. ¡Y qué problemilla!: A uno de ellos le huelen los pies un montón y el otro niño no se atreve a decírselo para no ofenderlo.
Había niños que querían que el personaje del amiguito le dijera al protagonista que se lavara de una vez su “pie apestoso.” Pero había otro grupo más romántico que preferían ocultar la fétida impresión que surgía del suelo o de los calcetines de la habitación del niño oloroso.
Al final, optaron por una solución salomónica lanzando la pelota en el tejado del espectador: “¿Qué harías tú? ¿Se lo dirías? ¡Cha-chan!”
Hubo un caso en la biblioteca Les Corts donde, curiosamente, y a pesar de estar anunciado, acudió un solo niño al taller.
Se trataba de un niño de 7 años, diminuto como un tamagochi, Andrés Felipe Reyes Díaz. El niño, natural de Colombia, se movía nervioso y despierto, y parecía que había sido concebido en una plantación de café.
Cuando entró en la sala y nos vio su cara dibujó dos sentimientos encontrados: “o lanzarse a la mesa a por los estupendo rotuladores y empezar a dibujar, o salir corriendo biblioteca abajo y no volver…” Al final, como los críos carecen de vergüenza, optó por lanzarse a por el rotulador y luego dijo: “¿Qué hay que hacer?”
Andrés empezó a dibujar a su aire. Sus dibujos eran la tela para hacer el traje y nosotros éramos los adultos que los cosíamos como meramente podíamos. Su trazo daba rienda suelta a su imaginación. Poco a poco, a medida que agarraba confianza, se podía atisbar la historia de un solo personaje de feo carácter que, de repente, se queda solo en el mundo en el instante en que descubre un avión parado en el cielo.
Extraño, ¿no? Pero ¡Qué imaginación!
Todo el rato dibujó el mismo personaje en un entorno bastante parecido. Sentado, de pie, triste, alegre, llorando…Si lo hacía celebrando su cumpleaños en solitario, luego dibujaba la tarta con sus velitas…Como estaba solo en el mundo el niño se frotaba las manos y hacía todo lo que había estado prohibido .Como montar en patinete por las bibliotecas o acudir a una tienda de caramelos y darse el atracón del “mundo mundial” sin pasar por caja.
Andrés decía: “Ahora entra en una tienda de caramelos y en dos semanas se pone gordo como un camionero”
Y luego, acto seguido, dibujaba a su criatura con una barriga que parecía una pelota de playa.
No se si fue casualidad, pero, al niño se le pudo ocurrir esa idea al verse solo en un taller donde le habían dicho que lo compartiría con mas niños.
O quien sabe, al fin y al cabo, el taller trata de dar salidas a las emociones del niño a través del dibujo y resultado de todo eso siempre es un misterio.
Al corto le pusimos de título: “Andresito.”
¿No es mala idea, verdad?
Pero ahí no acabó la cosa. Una vez tuvimos ordenadas las ideas de Andresito, construimos un relato a partir de frases que el niño iba soltando en el taller a modo de metralleta. Luego animamos sus dibujos, y, por último, entró en el proyecto una niña maravillosa llamada Lucía Lacarta de 10 años que realizó la locución del corto a modo de voz en off de una manera bastante cómoda, gracias al estupendo equipo portátil de Albar, nuestro sonidista. ¡Y qué locución hizo! ¡Qué bien entonaba! ¡Y qué bien entendía la historia! A menudo nos decía la manera mejor de expresar alguna situación; “Es mejor decirlo así que asa”…”Así es mas corto y un niño lo entiende mejor.” Y nosotros respondíamos:…”Adelante, adelante…”
Aun tengo presente la voz de muchos técnicos profesionales que nos tacharon de locos por querer hacer locuciones con niños: “Será un caos,” nos decían. “Si fuera tan fácil, los dibujos animados donde salen niños los doblarían los niños y no lo harían adultos que imitan la voz de un niño…”
En parte, tenían razón. Y confieso que casi nos volvemos locos. Pero nosotros creíamos importante que los peques descubrieran que a través de la expresión oral los personajes pueden matizar su propia personalidad. Hay mucho por mejorar en ese aspecto. Desde luego que si. Pero vamos a continuar abriendo brecha en ese camino porque las historias se dimensionan cuando escuchamos la voz del niño, es como poner música a una película muda, hace que todo crezca y las imágenes cobren un sentido mágico.
Todo eso se lo debemos a Albar Puig que ha trabajado como un león en el doblaje y el montaje de sonido. A Sergi Durán, nuestro músico talismán, y todo sea de paso, a nuestro mago de la animación, Tyto Alba. Y a los 71 niños que han pasado por los talleres. Sin ellos y sin la aportación de bibliotecas esto no sería posible.
¿Haremos más talleres? Seguro. Pero solo porque bibliotecas de Barcelona nos apoya. Pero sino hay ayuda de mas instituciones no podremos mantener a nuestro equipo ni poder contar con la ayuda inestimable del Nen Amagat, productora novel que viaja con nosotros en la aventura. Es una lastima que nos encontremos en un situación crítica por falta de ayudas. A pesar de que los 5 cortos que hemos realizado tienen una calidad muy aceptable y nos lo piden en Festivales Internacionales de cortos hechos por niños, como el de Helsinki, Valoarinko, (donde han concursado este fin de semana.) También en Chicago, Atenas, India…
Eso nos llena de orgullo, pero no nos quita el sueño. Al final, lo que importa es que los niños se lo pasen bomba y que podamos seguir contándolo en este blog. Nosotros consideramos importante oír la voz del niño. Poder ver sus dibujos, descubrir sus motivaciones y mostrar sus sueños. Siempre. Así a los adultos nos irá mucho mejor porque tendremos una manera eficaz de aprender para mejorar nuestros defectos.
Mario torrecillas (pequeños dibujos animados)